¡Restauración!
Devocional No. 146
Hechos 23:6-35A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: “Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma”. (Hechos 23:11)
Literalmente, lo que
el Señor Jesús le dice al aparecerse a Pablo es: “Alégrate. Anímate, Pablo”.
Eso es ciertamente una revelación del estado del corazón de Pablo en este
momento. Ciertamente no está animado. Está derrotado y desilusionado, está
regodeándose en un horrible sentido de vergüenza y fracaso, pero no está
abandonado. ¿No es maravilloso que el Señor venga ahora a restaurarle a su
ministerio?
Estoy seguro de que
Lucas no nos da el relato completo de lo que ocurrió entre Pablo y su Señor en
esa noche. Pero hay lo bastante aquí para que podamos ver qué es lo que desea
el Señor. Restaura a Pablo a su utilidad. Le promete a Pablo éxito en el deseo
de su corazón, que era segundo sólo a su deseo de alcanzar a sus paisanos; eso
es, que pueda ser testigo para Cristo al corazón del imperio, la capital misma
del mundo gentil. Te acuerdas de que Pablo había anunciado que, después de que
fue a Jerusalén, debía de ir a Roma. Y su oración tal y como la escribió a los
cristianos romanos era que fuera permitido ir a ellos. Ahora el Señor Jesús se
lo permite.
Y sin embargo, la
forma misma que emplea contiene un indicio de la limitación que Pablo había
hecho necesaria cuando desobedeció al Espíritu de Dios. El Señor Jesús lo
expresa de esta forma: “como has testificado de mí en Jerusalén, así es
necesario que testifiques también en Roma”. En otras palabras, el énfasis aquí
está en la manera en la cual este testigo saldrá: “En la forma en la que me
fuiste testigo en Jerusalén, en esa misma forma debes de serme testigo en
Roma”. ¿Y cómo había testificado en Jerusalén? Lo hizo como un prisionero:
encadenado, atado, abofeteado, limitado.
Este encuentro con el
Señor Jesús debió de haber sido un momento maravilloso en la experiencia de
Pablo. El Señor le restauró a su salud espiritual, como debe de hacer a menudo
con nosotros. ¿Alguna vez has estado en esta circunstancia? ¿Alguna vez has
desobedecido a Dios, sabiendo que no deberías de haberlo hecho, pero queriendo
algo con tanta intensidad que lo hiciste de todas formas? ¡Qué maravilloso es
tener al Señor listo para restaurarnos! Yo lo he hecho también; sé cómo Dios
puede tratar tiernamente con nosotros y volver a traernos a un sitio donde
podemos ceder.
Después de esto Pablo
es el mismo de nuevo. De ahora en adelante, las cosas que dice y hace tienen
esa misma infusión maravillosa del poder del Espíritu que hace que ocurran
cosas inusuales. Y desde Roma ha de escribir algunas de sus mejores cartas,
cartas llenas de poder, que todavía están cambiando la historia del mundo. El
júbilo del Señor está en su corazón de nuevo. La gloria vuelve a su ministerio.
El amor de Jesucristo le está llenando e inundando, llenándole de poder y
enriqueciéndole. Esa es la gloria de ser cristiano. Puedes ser perdonado. No
tienes que esperar. Y no tienes que pagar por ninguna cosa. No tienes que
volver atrás e intentar aplacar a Dios de alguna forma a causa de lo que has
hecho. Debes de corregirlo, tanto como puedas, con cualquier persona a la que
hayas herido, pero puedes ser perdonado, y toda la gloria de tu relación con el
Señor será restaurada.
Padre, gracias por Tu
amor restaurador, por el hecho de que nunca me has abandonado, que te quedas
conmigo y me restauras.
Aplicación de la Vida:
¿Cómo respondemos al amor incomparable, tenaz
y duradero de Dios? ¿Recibimos tal amor con una gratitud profunda y humilde?
¿Frustramos tal amor con nuestros esfuerzos fútiles de repagarle, asumiendo que
eso sea posible? ¿O persistimos en desafiar Su amor al rechazar Su autoridad
soberana y sabia?
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