Regocijándose en el sufrimiento
Devocional No. 134
Hechos 16:25-40Después de haberlos azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardara con seguridad. El cual, al recibir esta orden, los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. (Hechos 16:23-26)
No hay nada inusual
sobre un terremoto en esta región. Hasta hoy en día, los terremotos son comunes
en el norte de Macedonia. El terremoto era natural; el momento en el que ocurrió
era sobrenatural. Dios soltó el terremoto precisamente en el momento apropiado
y liberó a Pablo, Silas y los otros prisioneros. El aspecto más dramático de
esta historia, de hecho, no es el terremoto. Es Pablo y Silas cantando en medio
de la noche. ¡Alguien ha dicho que el evangelio entró en Europa por medio de un
concierto sagrado que tuvo tanto éxito que derrumbó la casa!
¡Imagínate eso, dando
alabanza a Dios! Ese es el significado de la palabra “orando” utilizada aquí.
No estaban pidiendo nada; estaban alabando a Dios y cantando himnos. Y no
estaban siendo falsos tampoco. Sus espaldas estaban en carne viva y sangrienta,
estaban cubiertos de heridas, habían sufrido una gran injusticia, pero no
exhibían ninguna lástima de sí mismos ni resentimiento. Se estaban enfrentando
a una incertidumbre agonizante. No sabían que este terremoto liberador venía de
camino. Pero a la media noche comenzaron a alabar a Dios y a cantar himnos. No
sé qué es lo que cantaron. Sé lo que yo estaría cantando: “Salva a los moribundos;
cuida a los agonizantes”. Pero creo que estaban cantando: “¡Cuán grande es
Él!”. Evidentemente cantaron porque podían ver cosas que nosotros, en nuestra
condición pobre y ciega, raramente vemos. Estos eran hombres de fe. Cuando veas
lo que ellos dijeron, tu pregunta ya no será: “¿Por qué cantaron?”, sino “¿Qué otra
cosa podía hacer más que cantar?”.
Vieron, primero, que
el enemigo tenía pánico. Estaban conscientes de que estaban en una batalla
espiritual. Pero estaban deleitados de ver que el enemigo tenía pánico y había
recurrido a la violencia. Eso siempre significa que ya no le queda ningún
recurso. Ya ha utilizado todos sus recursos, y no le queda nada. Sabían que
habían ganado. La segunda cosa que vieron era que Dios, en Su poder de
resurrección, estaba obrando en la situación. El poder de la resurrección no
puede ser detenido. Todos los intentos de oponerse a él, o de echar un
obstáculo en su camino, son dados la vuelta y utilizados como oportunidades
para avanzar. Pablo y Silas sabían esto, así que estaban seguros de que habían
ganado. La tercera cosa que entendieron es que el sufrimiento es totalmente
necesario para la madurez del cristiano. Nunca crecerás, nunca serás lo que
Dios quiere que seas, sin alguna forma de sufrimiento. Cuando aprendas eso, dejarás
de quejarte y lamentarte de tu estado. Cuando te encuentres con algún
sufrimiento, comenzarás a regocijarte. Vieron que el enemigo había sido
derrotado, que la obra había sido establecida y que ellos personalmente se
habían beneficiado. Y Dios estaba tan emocionado por esto que dijo: “No me
puedo mantener quieto. ¡Voy a sacudir este sitio un poco!”. Se bendijo el
corazón de Dios el ver a hombres actuar de esta forma. Y la prisión fue
abierta.
Padre, enséñame la
perspectiva que Pablo y sus amigos tenían, para que me pueda regocijar en mis
sufrimientos, sabiendo que Tú los utilizarás para que yo crezca y madure.
Aplicación de la Vida:
¿Nos producen nuestras dificultades, que son
comparativamente mínimas, el tener pena de nosotros mismos, o a genuinamente
alabar a Dios? ¿Estamos espiritualmente equipados para experimentar persecución
severa y/o las dificultades inevitables de la vida?
Las dificultades que nos da la vida nos prepara para hacernos mas fuerte en estos días que estamos viviendo por que todo lo puedo en Cristo que me fortaleze
ResponderEliminarAlabado sea Dios! Al Cristiano todas las cosas le ayudan a bien. Romanos 8:28 se cumple en nosotros todos los días. Amén.
ResponderEliminar