Que fuerais hechos tales cual yo soy
Devocional No. 150
Hechos 26:24-32“¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.” Entonces Agripa dijo a Pablo: “Por poco me persuades a hacerme cristiano”. Y Pablo dijo: “¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fuerais hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hechos 26:27-29)
Al continuar Pablo,
hablando directamente a Agripa, le dice: “¿Crees, rey Agripa, a los profetas?
Yo sé que crees”. ¿Ves lo que está diciendo? Está diciendo: “Tú conoces los
hechos históricos de la vida de Jesús. Tú crees a los profetas. Así que, haz la
conexión. ¿Qué es lo que dijeron los profetas que Jesús haría? ¿A qué te lleva
eso? Jesús cumplió lo que los profetas escribieron”.
En ese momento, este
rey esclavizado, dominado por sus propias lujurias, es enfrentado con el
asunto. Puedes imaginártelo retorciéndose en su trono. Desafortunadamente, su
respuesta es darle la espalda a lo que Pablo dice. Es un poco difícil entender
exactamente lo que respondió. El griego es un tanto oscuro. Ciertamente no dijo
lo que tenemos en nuestra versión de la Biblia: “Por poco me persuades a
hacerme cristiano”. No está diciendo: “Casi me tienes, Pablo. Casi me tenías
convencido”. Muchos mensajes han sido predicados sobre ese tema, como si Agripa
casi hubiera llegado al punto de convertirse en cristiano. Es mucho más
probable que lo dijera con un sarcasmo burlón: “¿Realmente piensas que en este
corto tiempo me vas a convertir en cristiano? ¡Vas a tener que hacer mucho más
que eso para convertirme en cristiano!”.
La respuesta de Pablo
es magnífica. Con un corazón pesado le dice: “Rey Agripa, fuera que tuviera que
pasar un tiempo corto o un tiempo largo contigo, simplemente quiero que sepas
el hambre que tiene mi corazón de que no sólo tú, en tu trono con tu mujer a tu
lado, sino que cada persona que está en esta habitación pudiera ser como soy
yo, excepto estas cadenas”. ¡Esta es una respuesta magnífica! Apenas es la
respuesta de un prisionero, ¿no crees? Al permanecer frente al rey dice: “Deseo
que pudieras ser como soy yo. Deseo que tuvieras la paz, la libertad, el poder,
el júbilo y la alegría de mi corazón y vida”.
¡Qué solicitud de un
gran corazón! ¡Qué revelación de la excelencia del evangelio! Puede
sobreponerse a cada circunstancia, cada situación, y llenar el corazón de
júbilo, para que un hombre en cadenas, atado y prisionero pueda estar en pie
frente a un rey y decirle: “Aunque eres un rey y tienes todo lo que la riqueza
puede comprar, contentamente te recomendaría que te convirtieras en lo que yo
soy, tan excelente es esta gloriosa libertad en Jesucristo”. Es un momento desafiante,
una maravillosa presentación de la libertad que da el evangelio, que este prisionero
encadenado pudiera de tal forma desafiar a un rey sobre su trono y ofrecerse a
cambiar sitio con él. Pero acuérdate de que Agripa es un Herodes. Es un
edomita, un descendiente de Esaú. A través de las Escrituras Esaú está
representado como una marca de un espíritu independiente que rechaza la ayuda
de Dios, que le da la espalda a todo el amor de Dios derramado para
alcanzarnos, y en arrogancia independiente rechaza la mano ofrecida de la
gracia de Dios. Eso es lo que hace este rey. Y ahora se desvanece de la
historia. Es el último en la línea de los Herodes. Pero las fabulosas palabras
de Pablo todavía resuenan en nuestros oídos a lo largo de los siglos. No hay nada
como la libertad de Jesucristo. Ninguna condición externa de riqueza o prestigio
o poder tiene el valor del chasquido de los dedos comparado con la libertad y
el poder y el júbilo y el contentamiento que un hombre puede hallar en
Jesucristo.
Padre, gracias por la
libertad que me das en Cristo, una libertad tan estupenda que ninguna circunstancia
humana me puede robar de mi júbilo en Ti. Por favor, deja que esta libertad y
júbilo me hagan, como Pablo, no avergonzarme del evangelio.
Aplicación de la Vida:
¿Estamos desencadenados de nuestras
circunstancias, liberados por la nueva propiedad al poder trascendente del
Salvador y Señor que mora en nosotros? ¿Estamos reclamando la práctica
liberadora de la presencia de Cristo como la esencia de la vida?
Gracias Padre porque gracias a tú hijo he sido liberada AMÉN
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