¡Fuera, brujería!
Devocional No. 139
Hechos 19:8-20Muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su valor, hallaron que era de cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor. (Hechos 19:18-20)
Lucas menciona dos
movimientos aquí. Empezó con los creyentes que comenzaron a purificar sus
propias vidas, quienes vinieron y dieron a conocer sus prácticas ocultas y
confesaron lo que estaban haciendo en privado. Obviamente estos eran cristianos
relativamente nuevos, y quizás nunca habían pensado que hubiera algo mal con
estas prácticas. Pero al aprender a los pies del apóstol y ver el reino de Dios
y cómo Dios desea liberar a la gente, empezaron a ver que lo que habían estado
haciendo ―la astrología, la confianza en los horóscopos, la creencia en la
influencia de las estrellas, y todas las demás prácticas supersticiosas― les
habían mantenido en cautiverio. Estas cosas eran la razón por la cual eran
débiles y temerosos, amargos y angustiados dentro de sí mismos. Así que comenzaron
a confesar todo esto y por tanto ser liberados de su cautiverio. Y eso, a su
vez, precipitó otro movimiento. Los incrédulos a su alrededor en la ciudad
comenzaron a reexaminar sus propias prácticas. Muchos de ellos que habían practicado
las artes mágicas reunieron sus libros y los quemaron cuando se convirtieron en
cristianos bajo la influencia y el poder del evangelio, y por lo tanto fueron
liberados de su propio engaño mortífero.
Esto ilustra cómo la
luz irrumpe en la iglesia. Es la iglesia que es la luz del mundo. Cuando la
iglesia comienza a andar en rectitud y a purificar su vida, y actúa y vive como
Dios ha llamado a la gente a hacer, entonces el mundo comenzará a verse como
realmente es, y ver lo que está mal, y comenzar a andar en rectitud y ser
liberado de las prácticas que lo están oscureciendo y cegando. Esto es lo que
ocurrió aquí. Entregaron toda su literatura ocultista, y eso era una cosa cara
de hacer. Al sumar el total del valor de estos libros y las variadas parafernalias
que fueron traídas para quemar, la suma fue de cincuenta mil monedas de plata.
Eso es como diez mil dólares, que era una suma tremenda en esos días.
Significaba que esta gente estaba renunciando a su subsistencia. Estaban
cambiando el modelo total de sus vidas, al ver que ya no podían seguir con
estas prácticas ocultistas y vivir como cristianos también. Esto mostraba cómo
de dispuestos estaban a ser libres de esta terrible práctica.
Aquí en Éfeso, Pablo
y los otros cristianos, por el poder de la verdad, irrumpieron en esta
decepción. Asaltaron esta fortaleza de maldad. La abrieron de cuajo, así que
Lucas dice: “Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”. Es
así como debiera de operar una iglesia: en el poder del Espíritu y por la autoridad
de la Palabra. Hay fortalezas como estas a nuestro alrededor por todas partes
hoy en día, bastiones de oscuridad: drogas, brujería, homosexualidad. Cuán
desesperadamente necesita esta situación el asalto de la verdad y la luz. Dios
anhela liberar a la gente de estas fortalezas, y ha dado a la iglesia este
poder.
Padre, veo los
poderes de la oscuridad manteniendo a esta gente cautiva, encerrándolos en la
miseria y la angustia, la superstición y el temor, la hostilidad y el vacío.
Señor, ayúdame a entender que vivimos en un tiempo muy estratégico y a
entregarme a este encuentro excitante y glorioso en contra de estos poderes de
la oscuridad.
Aplicación de la Vida:
¿Estamos fiel y transparentemente enfrentando
cualquier y todas las prácticas malvadas en nuestras propias vidas? ¿Estamos
entregados a ser liberados y a compartir esa libertad con otros, sin importar
cuánto cueste en bienes mundanos o prestigio?
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