El principio subyacente
Devocional No. 132
Hechos 16:1-9
Después llegó a Derbe y a Listra. Había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Quiso Pablo que este fuera con él; y tomándolo, lo circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego. (Hechos 16:1-3)
Pablo está en Listra
de nuevo, la ciudad donde se había enfrentado con la más severa oposición de su
primer viaje misionero. Ahí había llevado a un hombre joven a Cristo en esa
primera ocasión, quien era ahora todavía un niño, de tan sólo como unos
dieciséis años. Pablo pensó que había observado varios dones en él, dones de
ministerio, quizás de sabiduría y de conocimiento en las Escrituras, de
enseñanza y de predicación. Quería llevarse a Timoteo consigo, utilizando esos
maravillosos medios de disciplina que nunca han sido sustituidos, el proceso y
el método por el cual Jesús mismo entrenó a hombres: llevándoselos consigo y
enseñándoles mientras ministraban juntos.
Pero había un pequeño
problema. Timoteo era medio judío y medio griego. Su padre era griego pero su
madre era judía, y de acuerdo con los judíos esto le hacía un judío. El pueblo
judío tenía una forma muy práctica de pensar sobre esto. Decían que cualquiera
podía saber quién era su madre, pero nunca puedes estar seguro de quién es el
padre. Así que consideraban que la línea de herencia venía por medio de la
madre, y Timoteo, por lo tanto, era considerado judío.
La cosa asombrosa es
que Pablo circuncidó a Timoteo, mientras que anteriormente había rehusado hacer
lo mismo a Tito. Esto no está grabado en los Hechos, sino de un pasaje paralelo
en Gálatas, del cual hemos aprendido que había tomado a Tito, que era griego,
consigo y había ido a Jerusalén. Los hermanos judíos ahí habían querido
circuncidar a Tito, pero Pablo se había negado totalmente. Había sido firme,
porque el haberlo permitido hubiera sido una concesión a la idea de que tenías
que convertirte en judío para poder convertirte en un cristiano.
Aquí hay una
maravillosa indicación de cómo saber la mente y voluntad de Dios. En cualquier
situación en la cual están involucrados costumbres y rituales, asuntos
culturales, la regla gobernante es el encontrar el gran principio subyacente
que está en juego y el actuar de acuerdo con él. En el caso de Tito, hubiera
sido devastador haberle circuncidado. El permitir a este hombre joven,
enteramente griego, un gentil, ser circuncidado hubiera significado ceder a
todo el concepto del legalismo y aprobarlo como una enseñanza cristiana. Pero
el caso de Timoteo es distinto. Timoteo es considerado judío, y para evitar
ofender a los judíos entre los que deben obrar, para poder abrir la puerta de
aceptación por ellos, Pablo se somete a este ritual del Antiguo Testamento y
circuncida a Timoteo. Porque aquí el principio gobernante es: “A todos me he
hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:22b).
Esta aproximación puede resultar en dos acciones aparentemente contradictorias,
pero todo es reconciliado al ver el gran principio subyacente.
Padre, ayúdame a
discernir Tu voluntad al ver el principio subyacente y a actuar de acuerdo con
él.
Aplicación de la Vida:
Cuando hay asuntos culturales en juego, ¿cuál
es la mejor manera de determinar los pensamientos y voluntad de Dios? ¿Es
seguro el simplemente “improvisar”? ¿Es nuestro entendimiento de la gracia
comparada con el legalismo suficiente para informarnos cuándo necesitamos
aplicar los principios determinantes?
Padre ayudame a disernir mi vida de ahora en adelante AMÉN
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