El error de Pablo
Devocional No. 141
Hechos 21:1-16Mientras nosotros permanecíamos allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien, viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos y dijo: —Esto dice el Espíritu Santo: “Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quién es este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11)
Esta es una escena un
tanto dolorosa. En Cesarea entraron en la casa de Felipe el evangelista. Ahí
Agabo, un profeta del Señor, en una forma dramática y visual, tomó el cinto de
Pablo de alrededor de su cintura y se le ató los pies y las manos, y dijo:
“Esto es lo que te está diciendo el Espíritu Santo, Pablo. Si vas a Jerusalén,
esto es lo que te va a pasar: Serás entregado en las manos de los gentiles, te
atarán, y serás un prisionero”.
Este era el último
intento hecho por el Espíritu Santo para despertar al apóstol a lo que estaba
haciendo. Agabo estaba unido en esto por medio de todo el cuerpo de creyentes.
Toda la familia presente le urgió a que no fuera, incluso Lucas. Leemos en el
versículo 12: “Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar que no
subiera a Jerusalén”. Así que incluso sus asociados cercanos reconocieron la
voz del Espíritu, al cual el apóstol parecía extrañamente sordo. Se negó a
escuchar.
Y en la respuesta de
Pablo podemos detectar que, sin apenas haberse dado cuenta de lo que había
ocurrido, había sucumbido a lo que llamamos un “complejo de mártir”. Pablo dijo
en el versículo 13: “¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón?, pues yo
estoy dispuesto no solo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el
nombre del Señor Jesús”. Estas palabras eran valientes y sinceras y serias.
Sintió cada palabra. No encontramos falta con la valentía y el coraje expresada
en esas palabras. Pero no era necesario que él fuera, y el Espíritu le había dicho
que no fuera.
Aquí podemos ver lo
que le puede ocurrir a un hombre de Dios cuando es confundido por un hambre
urgente de lograr una meta que Dios no le ha dado para hacer. La carne había
engañado a Pablo, y evidentemente se vio a sí mismo como que estaba haciendo lo
que el Señor hizo en Su último trayecto a Jerusalén. El relato del evangelio
dice que Jesús categóricamente se dispuso a ir ahí, determinado a ir en contra
de todos los ruegos y las advertencias de Sus propios discípulos. Pablo se debió
de haber visto en ese mismo papel. Pero Jesús tenía el testimonio del Espíritu
en Sí mismo de que eso era la voluntad del Padre para Él, mientras que Pablo
tenía lo exactamente opuesto. El Espíritu le había dejado muy claro que no
debía de ir a Jerusalén.
Cuando Pablo se negó
a ser persuadido por sus amigos, dijo: “Bueno, hágase la voluntad del Señor”.
Eso es lo que dices cuando no sabes qué más decir. Eso es lo que oras cuando no
sabes qué hacer. Están simplemente diciendo: “Señor, ahora te toca a ti. No
podemos detener a este hombre. Tiene una voluntad fuerte y una determinación
poderosa, y está engañado pensando que esto es lo que tú quieres. Por lo tanto,
tú tendrás que ocuparte de ello. Hágase la voluntad del Señor”.
Padre, gracias por
registrar tan fielmente incluso este fallo por el apóstol. Me es de mucha
ayuda, dejándome ver cómo debo de depender no del brazo de la carne sino del
brazo del Espíritu. Enséñame a caminar en obediencia, Señor, y a no aventurarme
en aquello que sería meramente el cumplimiento de un gran deseo de mi parte.
Aplicación de la Vida:
La guía del Espíritu Santo es íntima y
personal; sin embargo, a menudo utiliza el consejo divino de otros para validar
la voluntad de Dios. ¿Estamos aprendiendo a estar alerta al testigo interno,
mientras permanecemos abiertos a la confirmación de nuestros hermanos y
hermanas en Cristo?
AMÉN Señor ayudame a vivir siempre comforme a tú ssnta voluntad
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