¡Míranos!
Devocional No. 101
Hechos 3:1-10
Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: —Míranos. (Hechos 3:4)
Aquí
estaba este hombre esperando en la puerta del templo. La cosa sorprendente
sobre esto es que cuando él pidió limosnas a Pedro, Pedro se paró y le dijo:
“Míranos”. Esto es muy importante, porque está justo en línea con las
actividades de Jesús cuando quería sanar a cualquier persona. Él nunca se
acercaba a una persona y meramente la tocaba y la sanaba sin antes llamar
atención sobre Sí mismo. Siempre captaba la atención de los individuos que
quería sanar; les dirigía a enfocar su mirada sobre Él. La razón es que esto
despierta un sentido de expectación. Siempre agiliza la fe. Esto es lo que ocurrió
aquí. Este hombre esperaba recibir algo de Pedro y Juan. No sabía qué era lo
que iba a recibir, pero su fe fue agilizada por las palabras de Pedro. Esto es
muy necesario para recibir cualquier cosa de Dios. Debes esperar algo de Él.
Una
de las razones por las que hay gente que viene a cada culto en la iglesia pero
cuya vida es apenas diferente que cuando vinieron al principio, es que nunca le
han dado su atención a Dios. Nunca han esperado recibir nada cuando venían.
Desafortunadamente hay aquellos, tanto jóvenes como viejos, que apagan sus
mentes cuando entran a un servicio de la iglesia. Empiezan a pensar en todo
tipo de otras cosas, empiezan a hacer viajes mentales y a jugar juegos
mentales. ¡Siempre he pensado que sería de lo más interesante saber dónde ha
estado todo el mundo después del servicio! Pero, desafortunadamente, la verdad
que es capaz de cambiar vidas, que sale de las Escrituras, les pasa por alto,
les pasa justo al lado, y pueden estar ahí sentado durante años y nunca
cambiar.
Hay personas jóvenes que han crecido en la
iglesia, pero que no son diferentes, no exhiben ninguna evidencia de que Dios
está obrando. Esto es mayoritariamente porque nunca han oído la palabra
“mírame” y prestado atención. Es por esto que Jesús siempre les decía a las
multitudes a las que predicaba: “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo
11:15); que escuche. Esto siempre es necesario para la obra de fe.
Al momento en que Pedro tuvo la atención de
este hombre, hizo dos cosas que son de lo más interesante. Primero, reconoció
su bancarrota en el ámbito material: “No tengo plata ni oro”, dijo. “Eso es lo
que estás buscando, pero no te puedo ayudar con eso”. Entonces demostró su
increíble suficiencia en el ámbito espiritual: “en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, levántate y anda”. En ese momento eléctrico, al mirar este hombre a
Pedro y Juan y oír estas palabras, a la mención del nombre de Jesús, algo
extraordinario ocurrió. La fuerza fluyó a sus tobillos, y Pedro, sintiéndolo,
le tomó de la mano derecha y le levantó. El hombre se alzó y comenzó a saltar y
gritar y brincar, probando la nueva fuerza en sus piernas que nunca había
conocido, porque había sido cojo desde que nació.
Padre, gracias por el nombre de Jesús. No ha
perdido nada de su poder. Todavía está transformando a hombres y mujeres, como
siempre lo ha hecho, no sólo espiritualmente, pero ocasionalmente físicamente.
Gracias por esas demostraciones de Tu poder aún hoy. Sabemos que puedes tomar
un cuerpo que está enfermo y sanarlo. Pero también puedes tomar un espíritu
enfermo y restaurarlo.
Aplicación de la Vida:
Cuando la gente nos mira, ¿están atraídos por
el poder y la presencia del Señor Jesucristo? ¿Desviamos a propósito su
atención y expectación de nosotros a Él?
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