La vida del cuerpo
Devocional No. 106
Hechos 4:32-36
La multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. (Hechos 4:32)
Esta
descripción es un bello vistazo de cómo era la vida en la iglesia primitiva.
Después de los dramáticos acontecimientos del día de Pentecostés, la sanación
del hombre cojo y la gran reacción de las multitudes en Jerusalén, la iglesia
se enfrentaba a la vida en el mundo de aquella edad ―un mundo de oscuridad,
desesperación y muerte por todas partes― y se enfrentó a él con un fluir de la
vida de Jesucristo. Este es el cristianismo ideal, verdadero y genuino.
Desafortunadamente, también hay un falso cristianismo. Entró en la iglesia
primitiva en breve, y las evidencias de ello son vistas a través del libro de
Hechos. Cuando la verdadera iglesia ha ido por todo el mundo, el cristianismo
falso ha estado ahí mismo también.
El falso cristianismo se puede reconocer
exteriormente como un tipo de club religioso donde la gente, mayoritariamente
del mismo status o clase social, se une por un interés mutuo en algún proyecto
o programa religioso y se reúne para avanzar esa causa particular. Pero eso no
tiene nada que ver con el verdadero cristianismo, que consiste de individuos
que comparten la misma vida divina, que son de todas edades y todos trasfondos,
clases y niveles de status social, y quienes, cuando se reúnen juntos, se
consideran a sí mismos lo que realmente son: hermanos y hermanas en una
familia. Pero de ese trasfondo mutuo de amor y hermandad ellos manifiestan la
vida de Jesucristo.
Eso es lo que tenemos aquí. La idea clave es
comunidad, lo compartido, todo en común. Eran de un corazón y una mente. La
palabra “corazón” es utilizada para el espíritu humano. Significa la parte más
profunda de nuestra vida. Es el nivel inconsciente de nuestra existencia, el
espíritu, la parte más esencial de nuestra naturaleza. Aquí estaban estas
personas que, por el Espíritu Santo, habían sido unificados a una sola vida.
Eran de un solo corazón. Al nivel más profundo de sus vidas se pertenecían los
unos a los otros, y eso sólo es posible por medio del Espíritu Santo. No
necesitaban haber conocido a alguien de antemano para reconocer que si él o
ella son cristianos; entonces se pertenecen los unos a los otros, son de la
misma familia y siempre tienen una amplia área en común. Esto era cierto por lo
que refiere a esta gente.
No sólo lo tenían, sino que se manifestaba en
el hecho de que todo el mundo tenía una nueva actitud hacia la vida material.
Esto no es una distribución de bienes forzada. No es un esfuerzo para hacer que
todo el mundo renunciara a sus cosas materiales y distribuírselos a otros. No,
es un cambio de actitud, diciendo: “Nada de lo que poseo es mío para mi uso
exclusivo, sino que todo lo que poseo es de Dios y por tanto está disponible
para cualquiera que lo necesite”. Así que aquí estaban estos cristianos
tempranos, unidos de corazón, mente y cuerpo, unidos juntos. Es así como debe
ser la iglesia.
Padre, gracias por la vida renovada siendo impartida a Tu cuerpo. Qué cierto es que fluye mediante el intercambio de aquellos que se pertenecen los unos a los otros, hecho así por la vida de Jesucristo que compartimos, hermanos y hermanas en Cristo
Aplicación de la Vida:
¿Qué es lo que yo, como miembro del cuerpo de
Cristo, puedo hacer para facilitar la comunidad entre mis prójimos creyentes?
¿Nos demos cuenta de la importancia de la unidad, como miembros juntos bajo la
dirección de Cristo, el Señor de la iglesia?
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