La locura del orgullo
Devocional No. 125
Hechos 12:19b-25
El día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y los arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: «¡Voz de un dios, y no de un hombre!». Al momento, un ángel del Señor lo hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos. (Hechos 12:21-23)
El historiador judío,
Josefo, también graba la muerte de Herodes. Describe esta ocasión cuando
Herodes se encontró con la gente de Tiro y Sidón en lo que ahora llamamos el
Líbano. Esta gente era dependiente de Judea, y especialmente de Galilea, para
su comida. Así que cuando el rey salió, vestido con sus ropas reales, le
adularon. Cuando les habló, ellos gritaron: “¡Voz de un dios, y no de un
hombre!” Y este rey pomposo y vano les creyó. Es casi increíble la mentalidad
trágica y retorcida de un hombre como este, que podía de hecho creer que tenía
tanto poder que se había convertido en un dios.
Pero esto no era raro
en esos días, ni lo es hoy en día. Esto, por supuesto, es exactamente lo que
ocurre en la mentalidad de cualquier hombre cuando empieza a pensar de sí mismo
como lo que llamamos un hombre que “se ha hecho a sí mismo”. A veces hablas con
hombres que tienen mucha propiedad y te dirán: “Bueno, pues yo me lo he
trabajado. Lo hice todo yo. Nadie me ayudó”. Están cayendo en el mismo trágico
error como este vano y fatuo rey, que se imaginó que tenía poder de sí mismo
para operar. Pero Lucas nos dice que inmediatamente fue herido por un ángel del
Señor y fue comido por gusanos y se murió. No sé cuál es el diagnóstico exacto
de Lucas aquí, pero alguna catástrofe repentina le ocurrió a Herodes, y Josefo
nos dice que se murió al cabo de dos o tres días.
¿Qué significa esto?
Esta es la forma que tiene Dios de demostrar la locura final de la persona que
piensa que puede vivir sin Dios, que piensa que no somos personas dependientes.
Esta es la tragedia de la humanidad. Frecuentemente puedes discernir de
nuestros periódicos y de nuestros programas de la televisión que, como gente,
nos imaginamos que tenemos todo lo necesario para producir todo lo que la vida
requiere, y que no necesitamos nada más, especialmente a Dios. La gran tragedia
de la nación de América es que a menudo, en un sentido, le estamos diciendo a
Dios: “Por favor, Dios, ¡preferiría hacerlo yo mismo!” Lo queremos hacer todo
nosotros mismos. Pero Dios a menudo nos hiere para recordarnos que nuestra vida
misma, nuestro aliento mismo, todo lo que tenemos y somos, viene de Él, y que
estamos locos si pensamos que podemos existir y vivir, actuar y reaccionar por
nosotros mismos. Este episodio muestra cómo de ciego, cómo de distorsionado,
cómo de trágicamente retorcido se vuelve el pensar de los hombres que se
apartan de un sentido de dependencia en Dios.
Padre, perdóname por
la locura de mi propio orgullo y dependencia en mí mismo. Enséñame que en todo
dependo de Ti.
Aplicación de la Vida:
“El orgullo viene antes de la destrucción, y
el espíritu arrogante antes de una caída.” ¿Aspiramos a tener la mente de
Cristo, que se vació de Sí mismo, tomando la forma de un sirviente, y se
humilló a Sí mismo, siendo obediente hasta la muerte en la cruz? ¡Esto es
“Cristo en ti, la esperanza de gloria”!
Como dice la palabra con Dios todo y sin Dios nada AMÉN
ResponderEliminarTodo lo que soy , todo lo que tengo, te pertenece, tu me los dado. Soy tuya por creación y por redención. Que quieres que haga?
ResponderEliminarGracias Señor por producir en mi tanto el querer como el hacer , por tu buena voluntad. Amén.