La iglesia joven
Devocional No. 100
Hechos 2:42-47
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (Hechos 2:42)
Una
de las cosas a las que se entregaba la joven iglesia era el compañerismo, que
significa el tener todas las cosas en común, en otras palabras, el compartir
juntos. Comenzaron a saber y a quererse los unos a los otros. Aquí hay 3.000
personas que son añadidas de pronto a un pequeño grupo de veinte. La mayoría de
ellos probablemente eran extraños antes de este momento. Muchos de ellos habían
venido de otras partes del mundo a Jerusalén para esta ocasión. No se conocían.
Pero ahora eran uno en Cristo, y comienzan a quererse los unos a los otros y
comienzan a hablarse los unos a los otros, para averiguar lo que cada uno había
estado pensando y como cada uno había estado reaccionando, y para compartir sus
problemas y cargas y necesidades, para hablar de estas cosas juntos y para orar
juntos sobre estas cosas. Había un maravilloso sentido de comunidad, de
pertenecer los unos a los otros. El compañerismo es el modo de vida que el
cuerpo de Cristo debe de tener.
Dios
ha diseñado que Su vida debería de manifestarse por medio de un cuerpo. Si el
cuerpo no está operando, entonces la vida no se manifiesta. Eso significa que
no hay poder, porque la vida de Dios siempre es poder. La razón por la que la
iglesia ha estado tan impotente últimamente es porque ha estado tan fragmentada
y rota. Nos hemos separado los unos de los otros. En Efesios, el apóstol Pablo
dice: “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:30a). Entonces
hace una lista de las cosas que le entristecen: “Quítense de vosotros toda
amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed
bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32).
Si eso no está ocurriendo, entonces el
Espíritu de Dios está entristecido. Cuando está entristecido, no actúa. No hay
vida. La iglesia se pone desanimada y muerta y estéril y mediocre. Todo esto se
manifiesta en un ritual vacío, sin ninguna vitalidad. La intención de Dios es
que los cristianos tengan compañerismo, que compartan sus vidas los unos con
los otros y sus pensamientos y sus problemas, que ayuden a llevar las cargas
juntos y así cumplir la ley de Cristo. No es una opción; es algo esencial. Es
por esto que cuando el Espíritu Santo de Dios comienza a moverse en una
congregación, o en cualquier congregación de cristianos, Él comienza en este
punto. Él comienza a sanar aquello que está roto en sus vidas y en sus
relaciones los unos con los otros, para que puedan admitir los unos con los
otros su malicia y su ira y sus frustraciones y sus resentimientos, y para
perdonarse mutuamente. Es entonces que la vida fluye de nuevo por el cuerpo del
Señor Jesucristo.
Padre, abre mi corazón hacia otros y hacia
Ti. Destruye y derrite la resistencia en mí que construyo en contra de otros.
Hazme ser de un solo corazón y una sola mente con otros en el cuerpo, generoso
en dar, contento de participar en cualquier cosa que avance esta maravillosa
obra que se lleva a cabo en medio de un mundo que rápidamente se está sumiendo
en la oscuridad y el vacío y la frialdad. Gracias, Señor, por el calor de Tu Espíritu,
y para Tu poder y Tu gracia entre Tu pueblo.
Aplicación de la Vida:
¿Cuál es el significado bíblico del
“compañerismo”? Cuando el cuerpo de Cristo se encuentra impotente, ¿cuál es el
remedio indicado? ¿Estamos entregados a construir comunidad entre aquellos con
los que alabamos y servimos?
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