La cura para la muerte
Devocional No. 119
Hechos 9:32-10:23
Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: «¡Tabita, levántate!». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él le dio la mano y la levantó; entonces llamó a los santos y a las viudas y la presentó viva. (Hechos 9:40-41)
Este es un milagro
maravilloso: una restauración de entre los muertos. Aquí hay una mujer que es
conocida por su ministerio de amor y abnegación, y entonces este ministerio fue
interrumpido por la muerte. Pero ahora, por la mano de Dios y el poder de
Jesucristo, es restaurada al ministerio y resume su buena obra. Claro que más
tarde volvió a morir, porque esto es una imagen con la intención de enseñarnos
que esto también le puede ocurrir al espíritu humano. Algo puede interrumpir el
progreso de una vida espiritual que está comenzando a florecer, a prosperar y
producir frutos, a crecer y a ministrarle a otros. Algunas circunstancias,
algún acontecimiento o experiencia, puede interrumpir y cambiarla y causarla
morir. La persona pierde ese fervor, sinceridad, entusiasmo, y se vuelve fría y
dura, indiferente y despreocupada, amarga de espíritu. Literalmente es como
alguien que está muerta.
Muchas personas son
así. Algunas personas han estado muertas durante años, pero todavía están
andando por ahí. Eso me recuerda del famoso comentario por Dorothy Thompson, la
periodista, cuando oyó de la muerte de Calvin Coolidge. Dijo: “¿Cómo se notó?”
Muchos son así. Su vida de servicio ha sido interrumpida por algún incidente
que ha sido como la mano de la muerte puesta sobre un ministerio ferviente y
sincero. Se han vuelto fríos e indiferentes, la misma imagen de la muerte.
Esto puede seguir
durante años. Edwin Markham, el gran poeta cristiano, una vez conoció a un
banquero a quien confió la liquidación de una herencia. El banquero le
traicionó, y Markham perdió todo su dinero y se quedó sin un duro por esta
acción. Se volvió amargo, y durante varios años no podía escribir poesías.
Entonces un día según estaba intentando escribir, estaba sentado a su mesa
garabateando unos círculos. Al garabatear, dibujando estos círculos, de pronto
pensó en el gran círculo del amor de Dios, de cómo nos toma. Se inspiró y
escribió estas palabras:
Dibujé un círculo
dejándole fuera;
Hereje, rebelde,
despreciado.
Pero el amor y yo
pudimos ganar:
Dibujamos un círculo
pidiéndole entrar.
Perdonó al banquero y
fue capaz de resumir su ministerio. Después de eso escribió algunos de los
mejores de sus poemas. Esto es lo que Jesucristo puede hacer. Puede sanar un
espíritu muerto, volverlo a la vida y restaurarlo. Puede sanar la amargura que
puede que esté en tu vida, volviéndote frío e indiferente a las necesidades de
otros.
Señor, te pido que Tu
espíritu me mantenga vivo y receptivo a Ti, confesando mi pecado y permitiendo
que Tu vida obre por medio de mí.
Aplicación de la Vida:
“El fijar la mente en la carne es muerte,
pero el fijar la mente en el espíritu es vida y paz.” ¿Estamos eligiendo vida,
buscando la renovación de nuestras mentes por medio de la honesta confesión de
pecados nombrados? La alternativa es la muerte espiritual, el precio pagado por
el pecado.
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