El primer mártir
Devocional No. 112
Hechos 7:57-8:1
Mientras lo apedreaban, Esteban oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Habiendo dicho esto, durmió. Y Saulo consentía en su muerte. (Hechos 7:59-8:1a)
¿Es una imagen vívida, no? Es digno de ser
tenido en cuenta cómo Dios está con Su fiel mártir aquí. Los ojos de Esteban
son abiertos, incluso en la presencia del concilio, y ve al Señor Jesús junto a
la mano derecha del Padre. Es mi convicción que cada creyente que muere ve este
acontecimiento, que cuando un creyente sale del tiempo a la eternidad el
próximo acontecimiento para él es la venida del Señor Jesús regresando por los
Suyos.
Aquí Esteban le ve
esperándole y recibiéndole en unos pocos momentos, cuando sea llevado fuera de
la ciudad y apedreado a muerte. Esta es la visión que espera los ojos de
aquellos que duermen en Jesús, y Esteban lo ve. Ora en las palabras que hacen
eco en las de Jesús mismo en la cruz. Jesús oro: “Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Esteban dice: “Señor, recibe mi espíritu y
no tomes este pecado en contra de ellos”. Cuando dijo esto, se quedó dormido.
Dos veces en este relato nos hemos referido
al joven Saulo de Tarso. Todos aquellos que mataron a Esteban dejaron sus
vestiduras a sus pies. Se quedó guardando las vestiduras de los demás mientras
le apedreaban. Había votado en contra de Esteban en el concilio; estaba
consintiendo en su muerte. Pero la idea que el Espíritu Santo quiere que
entendamos de este relato es la verdad que hemos ejemplificado aquí y que ha
sido manifestada a través de la iglesia muchas veces desde ese día: La sangre
de los mártires es la semilla de la iglesia. Cuando la iglesia sufre de esta
manera siempre crece inmensamente. De la sangre de Esteban vino la predicación
de Pablo. Por la muerte de este primer mártir fue traída a la iglesia el
corazón y el alma de este poderoso apóstol a los gentiles, el apóstol Pablo.
Pablo nunca se olvidó de esta escena. Fue quemada en su mente y en su memoria
para que nunca se pudiera olvidar.
A esta memoria se refirió Jesús cuando le
dijo a Saulo, arrestándole en el camino a Damasco: “Saulo, Saulo… Dura cosa te
es dar coces contra el aguijón” (Hechos 26:14). ¿Qué quiso decir? Esta memoria
de Esteban era como un aguijón hincándose en la conciencia de Saulo,
molestándole constantemente, y preparando su corazón para el momento cuando el
Señor Jesús, que había recibido el espíritu de Esteban, aparecería y se
revelaría a este joven hombre que sería convertido y sería Pablo el Apóstol.
Padre, este relato me ha hecho darme una
seria cuenta de que es una batalla real y que puede conllevar sangre y sudor y
lágrimas y muerte. Oro que pueda, como Esteban, ser encontrado fiel hasta la
muerte, reconociendo que Aquel al que sirvo es el justo Señor de los cielos y
la tierra.
Aplicación de la Vida:
Los héroes de la fe nos han dejado una
heredad de apedreamientos, azotes, tortura, encarcelamiento y martirio, quizás
más que nunca prevalecientes hoy en día. ¿Estamos preparados para someternos al
sufrimiento que Dios quizás elija para nosotros para que pueda Él lograr Su
soberano propósito?
Heme aquí Señor cumplase en mi tu voluntad!
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