¡Confrontación!
Devocional No.109
Hechos 5:17-42
Entonces llamaron a los apóstoles y, después de azotarlos, les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús; y los pusieron en libertad. Ellos salieron de la presencia del Concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el Templo y por las casas, incesantemente, enseñaban y predicaban a Jesucristo. (Hechos 5:40b-42)
¡A
no que no! Me encanta eso. No pararon. Se consideraron afortunados de sufrir
deshonor por Su nombre. Parece que a los cristianos les toma mucho tiempo
enfrentarse a la simple declaración de las Escrituras que, cuando fueron
llamados a ser cristianos, fueron llamados a sufrir. Como dijo Pablo en su
carta a los filipenses: “A vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo
que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:29). Estamos
llamados a esto. El sufrir es una parte integral de la experiencia cristiana.
No es algo que sea inusual o reservado tan sólo para unos pocos; es para todos.
Pedro escribió: “Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha
sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera” (1 Pedro 4:12). No
pienses que es extraño. Uno pasa por problemas, dificultades, angustias,
decepciones, ostracismos y la frialdad de otros, todo por causa de “el Nombre”.
No pienses que esto es extraño. Es a eso para lo que somos llamados.
En
un mundo que es operado por ilusiones, gobernado por decepciones, y es una
víctima de mentiras y maliciosas maldades falsas, ¿qué más podemos esperar si
estamos a favor de la verdad? La gente a veces pensará que somos extraños. La
gente pensará que reaccionamos de forma rara. Habrá una cierta cantidad de
frialdad, incluso entre aquellos que son, de muchas otras maneras, amistosos
con nosotros. Pensarán que somos un poco raros. Pero son ellos los que son
raros; somos nosotros los que somos normales. Cuando una persona normal vive en
un mundo lleno de excéntricos, piensan que esa persona es rara. Pero ese es el
sufrimiento al que es llamado. Como los discípulos, deberíamos de darle gracias
a Dios y regocijarnos en ello. Jesús dijo eso, ¿no es cierto? “Bienaventurados
seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal
contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos… pues así persiguieron a los
profetas que vivieron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12).
La iglesia, entonces, no se está retorciendo
las manos y diciendo: “¡Oh, qué cosa tan terrible! ¡Se nos están oponiendo!
¡Qué cosa más espantosa!” ¡No! Regocíjate, como lo hicieron estos cristianos
primitivos. Cuéntalo como un honor que has sido llamado a sufrir un poco a
causa de Su nombre. Ponte en pie y hazte oír.
Padre, ayúdame a entender que somos la sal de
la tierra, somos la luz del mundo, y debemos de comenzar a actuar de esa forma
otra vez.
Aplicación de la Vida:
Cuando “la verdad ha caído en las plazas
públicas”, ¿estamos preparados para cumplir nuestro llamado a hablar por la
verdad? ¿Resistimos las fuerzas de la maldad por el nombre de Cristo, en Su
sabiduría y con Su Verdad?
Si
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