Cómo funciona el cuerpo
Devocional No. 110
Hechos 6:1-8
Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: —No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete hombres de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra. (Hechos 6:2-4)
Sería muy fácil el leer esto como si
los apóstoles estuvieran diciendo: “Somos demasiado buenos para servir mesas.
Después de todo, somos apóstoles. Escojamos a siete lacayos que puedan hacer
eso, mientras nosotros nos dedicamos a la tremenda obra espiritual de oración y
de predicar la palabra”. Si lo lees de esa forma lo has leído incorrectamente,
porque no es eso lo que hicieron.
Acuérdate de que estos apóstoles
habían estado en el aposento alto con el Señor Jesús. Le habían visto
despojarse de sus vestiduras, ceñirse con una toalla, tomar una palangana de
agua y lavar sus pies sucios y asquerosos. Habían oído sus palabras: “sino que
el mayor entre vosotros sea como el más joven, y el que dirige, como el que
sirve” (Lucas 22:26b). No estaban, en ningún sentido, degradando el ministerio
de servir mesas. Hicieron esta decisión basada en una diferencia en dones
espirituales. Aquí tenemos un ejemplo muy claro de la forma en la que la
iglesia primitiva asignaba las tareas basadas en la distribución de los dones
por el Espíritu Santo.
La
gloria de esta iglesia era que eran conscientes de la superintendencia del
Espíritu Santo; estaban tan conscientes de que el Señor Jesús mismo, por medio
del Espíritu, era la cabeza de la iglesia. Estaba distribuyendo dones, dando
ciertos ministerios a varios individuos y mandándoles a salir, dándoles
órdenes. A través de todo el libro de Hechos puedes ver la tremenda
manifestación de la dirección del Espíritu Santo.
Aquí,
entonces, reconocen que Él había dado varios dones. Los apóstoles entendieron
que Su don era el de un apóstol. Habían de poner los fundamentos de la iglesia,
pues se les había dado a los apóstoles la tarea de poner ese fundamento. Dicho
fundamento son las Escrituras. Es en las Escrituras que la iglesia descansa. El
momento en que la iglesia se desvía de estas Escrituras pierde su fuerza, su
luz, y su entendimiento y su habilidad para operar. Eso siempre ha sido verdad.
Cuando la iglesia ha descansado sobre la base puesta por los apóstoles, la
verdad como lo es en Jesús, la iglesia siempre ha tenido fuerza, poder y
gracia.
Por
lo tanto era necesario que los apóstoles se dieran a sí mismos el ministerio de
apostolado, que involucraba “oración y el ministerio de la palabra”. Al
reunirse en oración aprendieron y comprendieron la mente de Dios. El Espíritu
de Dios les recordaba las cosas que el Señor Jesús les había enseñado, y ellos
se lo impartieron a la iglesia. En ese tiempo, el Nuevo Testamento todavía no
estaba escrito. Sin embargo todas las verdades sobre las cuales hemos
reflexionado en estas páginas del Nuevo Testamento estaban siendo dichas por
los apóstoles al enseñar a la gente de un sitio a otro. Les enseñaron lo que
hay ahora escrito para nosotros. Y todo lo que tenemos, claro, es la palabra de
los apóstoles. Todo este Nuevo Testamento no es nada más que la palabra de los
apóstoles dada a nosotros. Así que era esencial, como lo entendieron, el
dedicarse ellos mismos a esto.
Pero
reconocieron también que había otros dones del Espíritu. Eran dones de ayuda y
dones de sabiduría, y hombres y mujeres en esta gran congregación tenían esos
dones. Así que todo lo que estaban haciendo aquí es encargando a la iglesia que
encontraran entre ellos aquellos hombres que tenían los dones que les
calificaran para hacer este tipo de trabajo ―dones de ayuda y dones de
sabiduría― que supieran cómo solucionar estos problemas prácticos dentro de la
iglesia. Están diciendo: “Cada don es importante. Simplemente nos estamos
aferrando a los dones que se nos han dado, y queremos que encontréis entre
vosotros a aquellos que tienen otros dones”.
Padre,
gracias por los dones que me has dado, gracias por los diáconos y diaconisas de
tu iglesia, por aquellos que cantan, bendice Señor a los administran y a los
maestros, cuida de los evangelistas y doctores y te suplico que cada miembro de
tu iglesia no solo identifique sino que ministre con el don que tu les ha dado
por tu Santo Espíritu. y te pido que nos enseñes a servirte.
Aplicación de
la Vida:
¿Buscamos
descubrir y poner en uso los dones distribuidos por el Espíritu Santo?
¿Reverenciamos cada don por su valor distintivo al usarlos para servir en Su
llamado? ¿Exhibimos la belleza de la humildad de Jesús cuando servimos?
Querido Padre Celestial, todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece, por creación y por redención. Gracias por los talentos y dones que me has dado. Ayúdame a usarlos para tu gloria y honra. Ayúdame a serte fiel en la mayordomia. Gracias por el gran privilegio y el gran gozo que das al servirte a ti y a mis semejantes.
ResponderEliminar