Toda la gente
Devocional No. 96
Hechos 2:4-21
En los postreros días —dice Dios—, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. (Hechos 2:17)
Fíjate
qué alerta estaba Pedro, guiado por el Espíritu Santo. Inmediatamente empezó a
hablar. Los estudiantes de la escuela de teología enseñados en la clase de
oratoria que hay tres reglas básicas para un discurso público: levántate, habla
en voz alto, y luego cállate. Pedro nunca llegó a la parte del “cállate”. La
multitud le interrumpió antes de que llegara a la conclusión y pudiera dar el
llamado al altar. Nunca tuvo la oportunidad de terminar su mensaje. El que
ocurra esto es maravilloso. Cuando una multitud responde tan positivamente como
esta, es una cosa increíble.
Ocurrió
porque Pedro declaró la verdad. Eso era todo lo que fue su mensaje, simplemente
una explicación de la realidad. Eso es lo que es la predicación del evangelio.
Es una explicación de cómo son las cosas en realidad. Es el aprovechar la
ocasión para hacer claro lo que está detrás de lo que ocurre. Eso es lo que
hace Pedro. Su mensaje consiste de tres cosas: Una explicación acerca del
acontecimiento, el fenómeno de las lenguas; una declaración acerca de Jesús de
Nazaret; y una aplicación acerca de la multitud.
Primero, les explica que esto no es lo que
ellos piensan. Literalmente lo que el griego dice es que se puso de pie y les
dijo: “no están borrachos como vosotros suponéis” (v. 15a). En otras palabras:
“están borrachos, pero no de lo que vosotros suponéis”. No es el vino nuevo lo
que les emborracha; es lo que Joel dijo que pasaría: el Espíritu de Dios ha
caído sobre ellos. Es cierto que el estar controlado por el Espíritu Santo le
afecta a uno un poco como lo haría el alcohol. Pablo insinúa esta misma cosa en
Efesios: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed
llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).
Cuando esta multitud vio a estos hombres y
mujeres, notaron que estaban entusiasmados y locuaces, hablando libre y
fácilmente, y actuando de un modo bastante raro. Por lo cual, no era inusual
que concluyeran que estaban borrachos. Pero Pedro dice: “No; se han equivocado.
La razón por la que estás equivocado es porque sólo son las nueve de la mañana.
¡Todo el mundo sabe que casi nadie bebe antes de las once! Así que no puede ser
que estén borrachos con vino nuevo; están borrachos del Espíritu”.
Pedro entonces cita un pasaje increíble del
profeta Joel en los versículos 17 a 21. Su explicación es muy simple. Esto,
dijo, es lo que Joel declaró que ocurriría. La clave a este pasaje de Joel es
la frase “toda carne”. “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”. Si lees la
profecía como ocurre en Joel, encontrarás que, antes de este pasaje, el profeta
había predicho que el Señor visitaría a Su pueblo. Él vendría a ellos y viviría
en medio de ellos. Entonces, después de esta visitación, “derramaré de mi
Espíritu sobre toda carne”. El contraste es entre la visitación de Dios a
Israel y el derramamiento del Espíritu sobre todos los pueblos en todas partes,
gentiles tanto como judíos. Las buenas nuevas sobre Jesucristo han de ser
predicadas tanto a los gentiles como a los judíos. Hasta este momento había
estado confinado a la nación judía.
Ahora Pedro anuncia que el tiempo ha llegado
cuando Dios derramaría Su Espíritu tanto sobre los judíos como sobre los
gentiles. No a todos los pueblos en todas partes, pero a todo tipo de personas:
hombres jóvenes, mujeres jóvenes, varón y hembra. “Vuestros hijos y vuestras
hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones.” Fíjate en el énfasis
sobre la juventud. Dios está diciendo que esta es la edad del Espíritu: el
liderazgo, la efectividad y el poder no serán limitados a las canas, sino que
también los hombres jóvenes y las mujeres jóvenes hablarán y serán líderes.
Incluso los sirvientes, tanto hombres como mujeres, gente desconocida, gente
insignificante, sobre ellos Dios derramaría de Su Espíritu; y ellos
profetizarían. Todas las clases son afectadas por esto.
Gracias, Padre, por este increíble fenómeno
del Espíritu y por el hecho de que todavía vivo en la edad del Espíritu cuando
todo lo que estás haciendo hoy es hecho por la fuerza y el poder del Espíritu
Santo. Concédeme que pueda entender y experimentar esto.
Aplicación de la Vida:
El Espíritu Santo no
discrimina cuando escoge vasijas para Su servicio. ¿Ponemos limitaciones sobre
Su obra en otros y en nosotros porque ellos o nosotros no cabemos en las
categorías humanas de elegibilidad?
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