Temiendo a Dios
Devocional No. 79
Eclesiastés 7:15-22
No seas demasiado justo, ni sabio en exceso;
¿por qué habrás de destruirte? (Eclesiastés 7:16)
Este debe ser un pasaje
favorito de muchas personas, debido a que parece defender la moderación en lo
que se refiere tanto al bien como al mal. El Buscador parece estar diciendo:
“No seas demasiado justo ni tampoco seas demasiado malvado, pero un poco de
ambos no hace daño”. Todos hemos oído decir a alguien: “La religión está bien
en su propio lugar, pero no permitas que interfiera con el placer”. En otras
palabras, es preciso ser moderados en todo.
Sin embargo, a fin de
poder entender esto debemos de fijarnos en lo que está diciendo el Buscador. La
frase en el versículo 16: “no seas sabio en exceso” es la clave para entender
el versículo. Lo que está diciendo realmente el Buscador es: “No seas sabio en
tus propios ojos en lo que se refiere a tu propia justicia”.
Esto nos advierte en
contra del concepto de la propia justicia, la cual es la actitud de las
personas que se consideran justas debido a las cosas que no hacen. Esto es,
según mi propio juicio, la maldición de la iglesia en la actualidad. El Nuevo
Testamento llama a esto fariseísmo, y el Buscador lo llama apropiadamente
maldad. La maldad no solo se expresa en el asesinato, en los robos y en la
conducta sexual inapropiada, sino además en el fanatismo, en el racismo, en la
pomposidad y en el frío desprecio expresado mediante actitudes críticas de
juicio, por el uso de palabras duras y sarcásticas, por las palabras y las
acciones de venganza. ¡El cristiano presuntuoso, ya sea hombre o mujer, es una
persona malvada!
No solo es la propia
justicia algo malvado, sino que el extremo contrario es también algo malvado,
continúa diciendo el Buscador. La insensata actitud de eliminar todas las
limitaciones morales, el abandonar la propia autodisciplina, dedicándose a
llevar una vida salvaje y desenfrenada, también es algo malvado.
La manera santa de vivir
es: “Él que teme a Dios saldrá bien de todo” (v. 18b). El “temer a Dios” es una
verdad que todo lo abarca. Significa no solo respetar a Dios sino además
reconocer Su presencia en nuestra vida, no sencillamente algún día, al llegar
al final de la misma, sino ahora mismo. El temer a Dios es saber que Él sabe
todo lo que hace usted y que es Su mano la que envía las circunstancias en su
vida. El conocer el poder, la sabiduría, el amor de Dios, y el hecho de que Él
está dispuesto a aceptarle a usted, a cambiarle, a perdonarle, a restaurarle y
a estar junto a usted, forman todos ellos parte del concepto de temer a Dios.
“Temer a Dios” es saber cómo vivir en el mundo, sin estar convencido de la propia
justicia, sin ser pedantes, satisfechos o pagados de nosotros mismos y
complacientes. Esta clase de “sabiduría fortalece al sabio más que diez
poderosos que haya en una ciudad” (v. 19). ¡Es mejor aprender a vivir de esta
manera que tener diez amigos influyentes en puestos importantes que le puedan
rescatar a usted!
Enséñame a temerte a Ti,
Señor, y a alcanzar la justicia que sólo Tú me puedes dar a través de Cristo.
Aplicación de Vida
Salomón meditó con gran sabiduría por qué
tenemos que esforzarnos, con frecuencia con desesperación, por prolongar
nuestras vidas para siempre. ¿Acaso hay algo que está al revés en nuestra
existencia humana?
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