¿Quién gana la carrera?
Devocional No. 85
Eclesiastés 9:11-12
Me volví, y vi debajo del sol que ni es de
los veloces la carrera, ni de los fuertes la guerra, ni aun de los sabios el
pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; pues a
todos les llega el tiempo y la ocasión. (Eclesiastés 9:11)
Muchos de nosotros hemos
pasado por experiencias que confirman la verdad de este versículo. Todos los
planes que nos hemos propuesto cuidadosamente realizar han quedado
desbaratados; todos nuestros sueños que teníamos lo necesario para alcanzar el
éxito en algún aspecto concreto de la vida se han desmoronado, y no pudimos
entender por qué. Tuvimos que aprender, como dice este versículo, que “ni es de
los veloces la carrera, ni de los fuertes la guerra”. Eso es verdad, incluso en
los deportes. A principios del siglo pasado Jim Thorpe, el famoso atleta
americano nativo, ganó muchas medallas de oro en los Juegos Olímpicos. Estuvo
ante la presencia del rey de Suecia y fue reconocido públicamente como el más
grande de los atletas de su tiempo. A pesar de lo cual, fue preciso devolver
todas aquellas medallas y honores cuando se enteraron que de niño había jugado
al béisbol como profesional por cinco dólares la temporada, lo cual hizo que
considerasen que ya no era un sencillo aficionado.
No son siempre los
fuertes, los poderosos, los que pueden y los que poseen dones los que ganan en
la política. Hemos visto a candidatos que todos consideraban que a ellos les
debía resultar fácil ganar en el terreno de la política derrotados, no pudiendo
convertir sus sueños en realidad. La batalla no es siempre “de los fuertes”, y
este principio resulta ser cierto, incluso en el caso de las condecoraciones y
los premios concedidos por el mundo. El Premio Nobel le fue concedido a una
mujer pequeña en la India, la Madre Teresa, que sirvió atendiendo totalmente a
las necesidades de los pobres a su alrededor. Incluso en Hollywood la “batalla”
no la ganan siempre aquellos que tienen la “fuerza” del destello y el encanto de
las típicas películas. En 1982, el Premio de la Academia para la Mejor Película
le fue concedido a la película Carros
de Fuego, la historia de Eric Liddell, un corredor olímpico cristiano que
después habría de convertirse en misionero en la China. El Buscador nos dice
claramente que los dones naturales de velocidad, de fortaleza y del intelecto
no son nunca suficiente garantía para conseguir el triunfo definitivo.
Existen otros factores
que hacen realmente la diferencia. “A todos les llega el tiempo y la ocasión.”
¿Qué es lo que quiere decir con esto? Nosotros decimos con frecuencia: “Es
preciso que seas la persona apropiada, que estés en el lugar apropiado, en el
momento apropiado”. En otras palabras, existen elementos de circunstancias que
es preciso que coincidan, incluso antes de que alguien que posea grandes
habilidades pueda alcanzar sus objetivos. Lo que está diciendo el Buscador,
como es natural, es que la vida no se encuentra bajo nuestro control. La
ilusión que los medios seculares insisten en inculcarnos es que nosotros
podemos enfrentarnos con nuestra vida por medio de nuestras elecciones. “¡Es tu
vida! Puedes vivirla como más te complazca.” Pero el Buscador dice que no puede
hacerse de esa manera. “A todos les llega el tiempo y la ocasión.” Justo cuando
cree usted que tiene algo bajo su control, puede venirse abajo. Los desastres
suceden cuando menos nos los esperamos: “Como los peces apresados en la mala
red, o como las aves que se enredan en el lazo” (v. 12). Todo puede
desmoronarse. Cada uno de nosotros ha pasado por esa experiencia.
Señor, te doy gracias
por recordarme que yo no tengo el control, que yo no puedo controlar las
consecuencias de los acontecimientos, pero Tú sí puedes.
Aplicación de Vida
La soberanía de Dios es un importante atributo de Dios del que
debemos de ser conscientes y en el que debemos de confiar. Nuestros propios
esfuerzos nunca triunfarán sobre la soberanía de Dios. ¿Nos apoyamos nosotros
en este conocimiento?
Sólo en Jehová podemos confiar y el nos dara la salida
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