Oh, dulce misterio de la vida
Devocional No. 83
Eclesiastés 8:16-9:6
El hombre no puede conocer toda la obra que
se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará;
y aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla. (Eclesiastés
8:17b)
La afirmación del Buscador está perfectamente clara: La vida es
demasiado complicada, demasiado inmensa, demasiado llena de elementos
conflictivos como para que ninguno de nosotros obtenga todas las respuestas.
Aunque permaneciésemos levantados todo el día y toda la noche, intentando
pensar seriamente en todo y entender los complicados sucesos que hacen que
tengan lugar las circunstancias de nuestras vidas, no podremos llegar jamás a
entenderlo todo.
La Biblia no relaciona ningún estigma al hecho de que nos
esforcemos en entender la vida. Como vemos, el que nos esforcemos en adquirir
conocimientos es algo que se estimula a lo largo de todas las Escrituras. No
debemos adoptar jamás la actitud de anti intelectualismo que caracteriza a
algunos segmentos del cristianismo en la actualidad. Es preciso que razonemos y
pensemos acerca de lo que Dios está haciendo y en la vida que nos concede. Pero
es preciso que recordemos siempre que por mucho que intentemos pensar acerca de
la vida, seguirán existiendo los misterios. No poseemos suficientes datos ni
tenemos la habilidad necesaria como para ver la vida en su totalidad y poder
contestar todas las preguntas, por lo cual es preciso que nos contentemos con
un cierto grado de misterio.
Aunque el hombre más sabio del mundo antiguo escribió estas
palabras, admite que los humanos no podemos obtener todas las respuestas. Dice
además que la diligencia en la labor no servirá para desentrañar los misterios
de la vida: “Por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará”.
Seguiremos sintiéndonos intrigados, rascándonos la cabeza, haciendo la eterna
pregunta: “¿Por qué?”.
Incluso cuando haya personas que afirmen saber las respuestas sobre
lo que nos haya podido suceder, la verdad es que solo se están engañando a sí
mismas. Muchas personas no están dispuestas a aceptar la verdad de las
Escrituras hasta que no pueden entender todo lo que está en ellas. Pero si está
usted esperando que suceda eso, nunca lo conseguirá usted. Aunque este libro
fue escrito hace mucho más de 2.500 años, sigue siendo verdad, incluso en estos
tiempos de avanzados conocimientos, en los que nadie puede encontrar todas las
respuestas.
Cuando piensa usted acerca de su propia vida, acerca de las
muchas cosas que le han sucedido y que han determinado los acontecimientos
sobre los cuales usted no tuvo control alguno, acontecimientos que tuvieron que
producirse de una cierta manera antes de que pudieran tener lugar, usted puede
ver la verdad de estas palabras. Nadie puede descubrir todas las respuestas. Pensar
que mi ministerio fue encausado por un acto de curiosidad al visitar unas
oficinas, por una señora abrumada con un montón de trabajo con lecciones recién
llegadas de la imprenta, una decisión huyendo del aburrimiento de un verano sin
nada que hacer. ¿Cómo podemos entender esta extraña unión de la sencillez y la
complejidad? El Buscador argumenta que la vida es demasiado complicada como
para que nosotros consigamos jamás responder a todas las preguntas.
Señor, enséñame a exclamar con el apóstol Pablo: “¡Profundidad
de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables
son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).
Aplicación de Vida
No tardamos en
sentir que nuestro cerebro no tiene fuerzas cuando intentamos encontrar
respuesta a los misterios de la vida. ¿Es necesario que entendamos todo en las
Escrituras antes de que aceptemos la verdad?
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