El poder para disfrutar
Devocional No. 77
Eclesiastés 6:1-12
Hay un mal que he visto debajo del cielo, y
que es muy común entre los hombres: el del hombre a quien Dios da riquezas,
bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero no le da
Dios facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es
vanidad y mal doloroso. (Eclesiastés 6:1-2)
El Buscador reconoce de
inmediato que el tener abundancia y posesiones, todo lo que el dinero puede
comprar, a pesar de lo cual carece de la capacidad para disfrutarlos y se
convierte en una pesada carga que soportar, es algo que les sucede a muchas
personas. Conducen sus brillantes coches nuevos y son dueños de los más
actualizados equipos electrónicos en sus lujosos y grandes hogares. Están
intentando desesperadamente disfrutar estas cosas, a pesar de lo cual se
refleja en sus rostros el vacío que sienten en su interior. Observe usted las
vidas agotadas de esas personas que lo tienen todo pero que no pueden disfrutar
nada de lo que tienen.
Pero además el Buscador
dice que la riqueza material y la abundancia pueden resultar frustrantes:
imagínese a un extraño disfrutando lo que usted no puede disfrutar. ¿Puede
hacer algo más frustrante que poder conseguir algo que usted siempre ha deseado
tener y luego descubrir que ha perdido su lustre? Usted ya no lo puede
disfrutar, así que se lo pasa usted a otra persona que no puede costearlo y esa
persona lo disfruta enormemente. Eso haría que la persona se sintiese
frustrada, incluso resentida: “¿Por qué no he sido yo capaz de disfrutarlo?”,
tendría derecho a preguntar esa persona.
La clave a todo esto se
encuentra en las palabras: “no le da Dios facultad de disfrutar de ello”. Esa
lección es algo que se graba repetidamente en nuestros corazones a lo largo de
este libro. El disfrute de algo no depende de aumentar las posesiones; es un
don que Dios nos ha concedido. Si Él las retiene, ningún esfuerzo va a
conseguir que disfrutemos las cosas. Esta es una lección difícil de aprender
para algunas personas. El disfrutar es un don de Dios.
¡Qué contrario es esto
al espíritu de nuestros tiempos! De todas partes nos chillan que la filosofía
de los anuncios hoy es que tenemos derecho a las cosas. Los encargados de la
publicidad nos enseñan algún objeto tentador que quieren que tengamos para que
lo compremos, y lo acompañan de una línea de propaganda que dice de una manera
u otra: “Usted se merece esto”. Este es el espíritu de nuestro siglo. ¿Somos
conscientes de que este espíritu contradice la enseñanza que encontramos en la
Biblia acerca de nuestra relación con Dios? ¿Cómo podemos nosotros tener
gratitud si solo conseguimos lo que nos merecemos? La gratitud solo se expresa
cuando sentimos que no merecemos algo pero de todas maneras lo recibimos.
En todas las Escrituras
se nos dice que la relación apropiada de un creyente con Dios, y lo que le
complace a Él, es que demos gracias por todo: “Dad gracias en todo, porque esta
es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses
5:18). Este libro de sabiduría nos exhorta a recibir todo con un corazón
agradecido, dándonos cuenta de que no nos lo merecemos todo, pues es un don de
Dios. Aunque resulte doloroso por el momento, hay un Padre sabio que lo ha
escogido para usted y hará que disfrute usted de una gran riqueza y sus
beneficios. Puede usted sentirse agradecido por el dolor además de estarlo por
el placer; esa es la lección de este libro.
Señor, he experimentado
la frustración de vivir por las cosas que a la postre no me llenan de gozo sino
que me privan de él. Enséñame a vivir con gratitud, incluso cuando la vida es
dolorosa, sabiendo que Tú sigues siendo aún responsable y que obras Tu
propósito para mi vida.
Aplicación de Vida
No cabe duda de que el sentir gozo es algo que
nos complace. La fe y la obediencia basada en la fe es lo que le complace a
Dios. ¿Hemos asimilado nosotros el lugar en que el poder para sentir el gozo
tiene su origen?
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