Orando con atrevimiento


Devocional No. 62

Lea: 1 Juan 5: 14-17

Esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14)

En la época que vivimos el comercio ha tomado un rumbo mucho más abarcante al poder la gente hacer compras por internet. Pero aun usando los medios modernos las compañías publican sus catálogos para mostrarles a los clientes las mercancías que tiene disponibles, así un cliente por más dinero que tenga no podrá pedir ninguna mercancía que no se encuentre en el catálogo, y lo mismo sucede con la oración. Dentro de la voluntad de Dios hay cosas realmente impresionantes, un gran número de dones que Él ha provisto para los Suyos. La voluntad de Dios incluye todo lo que necesitamos. Todo cuanto podemos desear se encuentra disponible para nosotros, para nuestros seres amados y para nuestros amigos, siempre y cuando sea conforme a la voluntad de Dios. No hay nada que necesitemos pedir en oración que no sea conforme a Su voluntad, pues fuera de ella solo hay cosas que nos perjudican, nos hieren y nos destruyen.
Tal vez no sepamos exactamente si una petición es la voluntad de Dios para nosotros, y los ejemplos en las Escrituras dejan claro que no está mal pedir incluso estas cosas. Pero debemos añadir siempre, de la misma manera que lo hizo Jesús en el huerto de Getsemaní: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42), porque la oración ha sido diseñada para obtener las cosas que son conforme a la voluntad de Dios. Por lo tanto, Juan dice que cuando sabemos que lo que pedimos es conforme a la voluntad de Dios, porque hemos encontrado una promesa de Dios en las Escrituras o porque hemos buscado la mente de Dios y hemos sentido una profunda y resuelta convicción en nuestro corazón del Espíritu Santo, sabemos que Él nos escucha. Dios oye siempre las oraciones que son conforme a los límites de Su voluntad.
Jesús pudo decir: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41), porque todo lo que Él hizo estuvo dentro de los límites de la voluntad de Dios. Eso hace que tengamos la seguridad de la oración, la certeza de saber que Él nos oye, como dice Juan, y entonces “sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”. ¡Piense usted en esto! Si sabemos que es conforme a Su voluntad, sabemos que Él nos ha escuchado, y si sabemos que nos ha oído, sabemos que lo tenemos y Dios ya ha concedido la petición. En otras palabras, Dios nunca dice que no, excepto a lo que no es conforme a Su voluntad. ¿Se atreve usted a creer esto?
Dios no tiene favoritos. Tiene a personas íntimas, pero todo aquel que se adapta al programa que Él ha diseñado y desea tener intimidad con Él puede conseguirlo. Cualquiera que lo desea puede, pero el secreto de la oración es creer que Dios ha concedido todo lo que le hemos pedido, si es conforme a Su voluntad. El secreto es aceptar que lo tenemos, como dice Juan: “Sabemos que hemos obtenido la petición que le hemos hecho”. No está intentando bromear o pretender que Dios le ha dado algo. Lo que él está diciendo es que cuando oramos y la petición la hacemos conforme a la voluntad de Dios, la respuesta es absolutamente segura, y es solo cuestión del tiempo de Dios en lo que se refiere a cuándo tendremos la respuesta. Podemos recibir de Él y darle las gracias por lo que ya nos ha dado, esperando recibirlo en el tiempo de Dios.
Padre, te doy gracias por Tu Palabra. Concédeme que pueda ser obediente a ella, no solo orando por otras personas sino también por mí mismo.


Aplicación de la Vida:

La oración ha sido diseñada solamente para que podamos obtener lo que forma parte de la voluntad de Dios. Una vez que hemos orado, ¿nos quedamos con la preocupación que nos haya incitado a orar, o tenemos confianza? ¿Por qué?




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