La búsqueda
Devocional No. 65
Eclesiastés 1:1-3
Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. “Vanidad de
vanidades —dijo el Predicador―; vanidad de vanidades, todo es vanidad”. ¿Qué
provecho obtiene el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo del sol?
(Eclesiastés 1:1-3)
El primer versículo del libro identifica al escritor como “el
Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén”. “El hijo de David” podría
referirse a cualquier descendiente de David que ocupase el trono después de él,
pero esto se refiere en particular a Salomón, como confirmarán varias cosas en
el libro.
Lamentablemente los traductores se refieren a Salomón como “el
Predicador”, y yo lamento que usasen ese término porque hace que el libro suene
un poco como un sermón al principio. Al leer ese segundo versículo sería muy fácil
afectar a una voz de “vitral de colores” y, como es natural entre un público
actual, esto disuadiría a todo el mundo. La palabra traducida como Predicador es
la palabra hebrea Qoheleth, que realmente significa “el que recoge,
reúne o colecciona cosas”. Este es un título muy apropiado para el autor de
este libro, puesto que examinó y a continuación reunió las filosofías conforme
a las cuales vivía el pueblo. Pero creo que una traducción más apropiada al
español sería “el Buscador”. Tenemos aquí una mente inquisidora que examinó
toda la vida y pudo ver lo que se ocultaba tras las acciones de las personas. Buscador es
la palabra que voy a usar cada vez que aparezca la palabra Predicador,
porque el escritor no es realmente un predicador o uno que proclama algo, sino
uno que busca.
Esta es verdaderamente una búsqueda, y si a usted le preocupa lo que
descubrió el Buscador, nos lo dice sin duda alguna. No necesita usted leer el
último capítulo para averiguar los resultados de su búsqueda, porque aparece en
el versículo 2: “Vanidad de vanidades”, es lo que encontró. Vanidad no
se refiere en este caso al orgullo en cuanto a su aspecto. Tal vez algunas
personas pasen demasiado tiempo delante del espejo por las mañanas, admirándose
un poco a sí mismas. A eso lo llamamos vanidad, orgullo en el
aspecto, pero no es a esto a lo que se refiere el Buscador. La palabra en este
caso, es decir, en el original, significa “vacío, frivolidad, carente de
sentido, falsedad”.
El Buscador alega que nada le puede satisfacer. No hay nada, ningún
placer, ninguna relación; no encontró nada que tuviese un valor perdurable en
la vida. Todo el mundo se había aferrado a una u otra de estas filosofías, a
estos puntos de vista, intentando que le hiciesen sentir satisfacción. Pero
según este Buscador, que lo ha experimentado todo, nada le funciona. Cuando
dice: “Vanidad de vanidades, el vacío de todos los vacíos”, esa es la manera de
expresarlo de modo superlativo en hebreo. De modo que este hombre llega a la
conclusión después de haberlo vivido todo, probado todo y tenido en sus manos
todo lo que un ser humano pueda desear, que no hay nada más vacía que la vida.
En el versículo 3 encontramos la pregunta que se hizo a sí mismo en su
búsqueda: “¿Qué beneficio obtiene el hombre mediante todo el esfuerzo y toda la
lucha bajo el sol?”. ¿En qué modo le sirve de provecho? Esta es una palabra
interesante en hebreo que significa lo que queda. Una vez que ha apurado
al máximo todo el deleite inmediato, el gozo o el placer de algo, ¿qué es lo
que le queda?, ¿qué es lo que perdura?, ¿qué será lo que alimente continuamente
el anhelo constante de satisfacción en su vida? Es la pregunta que nos hacemos
todos. ¿Hay algo que realmente satisfaga continuamente mi necesidad, ese bien
elevado que si lo logro encontrar significará que ya no tengo que seguir buscando?
Señor, gracias por la honestidad de este libro, escrito hace tantos
siglos, pero que sigue siendo tan pertinente. Yo también he estado buscando y
he descubierto que contigo la vida no es en vano, sino que tiene significado
total y propósito. Gracias Señor porque al leer de las vanidades de la vida
descubro que solo tú puedes llenarla.
Aplicación de Vida ¿Ha logrado nuestra búsqueda de conocimientos y de los placeres mundanos hacer que nos sintamos saciados y nos volvamos cínicos? ¿Necesitamos tal vez seguir de modo totalmente
diferente nuestra perspectiva total?
Sólo Cristo puede darle propósito a la vida. Tener a Cristo es tener la vida: Juan :14:6 y tenerla en abundancia:Juan 10:10. Es por eso que todo lo puedo en Cristo que me fotalece! Filipenses 4:13. Con Cristo, todo y sin El nada. Separados de El nada podemos hacer. Juan 15:5.
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