La búsqueda de placer
Devocional No. 68
Eclesiastés 2.1-11
Dije yo en mi corazón: Vamos ahora, te probaré con el placer:
gozarás de lo bueno. Pero he aquí esto también era vanidad. (Eclesiastés 2:1)
En el capítulo 2 encontramos el principio de la historia acerca de lo
que encontró Salomón en su búsqueda. Este es un examen de las diferentes maneras
mediante las cuales los seres humanos han intentado hallar a lo largo de los
siglos el contentamiento, el gozo y el deleite en la vida. La primera, la que
es más popular actualmente y lo ha sido siempre, es su manera de examinar lo
que llaman los filósofos hedonismo, es decir, la búsqueda de placer. Todos
nosotros sentimos instintivamente que si podemos divertirnos, encontraremos la
felicidad. Eso es lo que examina el Buscador lo primero para ver si es verdad.
Nos ofrece los detalles de lo que experimentó. Para empezar Salomón se
dice a sí mismo: Diviértete, de modo que buscó la alegría, la risa y el
placer. Usted puede permitir que su mente rellene los espacios aquí. Imagínese
cómo debieron de morirse de risa los habitantes del palacio. Todas las noches
tenían cómicos y abundantes fiestas, con vino que corría como si hubiera sido
agua.
Salomón nos habla acerca del resultado de esa búsqueda. La risa, se dijo
a sí mismo, es una tontería. Me pregunto si cada uno de nosotros no ha
experimentado esto en cierto grado. ¿Ha pasado usted alguna vez tiempo con un
grupo de sus amigos riéndose, divirtiéndose y contando historias? Si piensa
usted en ello detenidamente, recordará usted que al menos algunas partes de las
historias se basaron en la exageración, sin tener realmente una base en la
realidad.
Lo mismo sucede con la risa. La risa tiene que ver tan solo con las
periferias de la vida, ya que no tiene un contenido sólido en sí misma. Es
como el crepitar de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad (Eclesiastés
7:6b). La risa es tan solo un sonido como el crujido. Nos deja con un sentido
que nos hace sentirnos vacíos. Yo he pasado tardes y noches que se convirtieron
en ocasiones muy agradables. Nos reímos durante todo el tiempo recordando
experiencias y contando chistes, pero al final de todo ello, nos fuimos a la
cama sintiéndonos un tanto vacíos. Esa fue la experiencia de Salomón, y no es
que diga que eso esté mal, sino que la risa es algo vacío, es algo que no nos
llena ni nos satisface.
Acerca del placer, el comentario de Salomón es: ¿De qué sirve? ¿En
qué manera contribuye a la vida? En nada, es su respuesta. El placer hace
que se consuman los recursos; no sirve para edificar. La mayoría de nosotros no
podemos costearnos pasar más de una noche saliendo porque cuesta demasiado
dinero, así que solo lo hacemos una o dos veces al año. El salir hace que
gastemos unos recursos que hemos obtenido por medio de duro trabajo. Salomón
llega a la conclusión de que el placer no añade nada.
Salomón dice que había algunas cosas positivas. Para empezar, consiguió
cierto grado de notoriedad. Se convirtió en alguien sumamente importante,
superando a todos los que fueron antes que él a Jerusalén. Muchas personas
creen que la fama puede llenar el vacío que sienten en su corazón, y Salomón
halló la fama. Yo la disfruté durante un tiempo, dice. Encontré
placer en todo mi afán, pero esa fue toda la recompensa que obtuve por mi
labor: el disfrute pasajero. Cada vez que lo repetí, lo disfruté cada vez
menos.
Mi conclusión, dice Salomón, es que no valió la pena. Como una
vela, acabó por apagarse, dejándome agotado y harto, de modo que después de eso
nada pudo excitarme. Salomón llega a la conclusión de que todo era vacío y
esforzarse por el viento, de modo que se sintió quemado.
Señor, yo también he buscado mi satisfacción en las diversiones, en la
risa, en el placer, e igual que Salomón me he sentido vacío. Permíteme
disfrutar aquellos placeres que Tú nos das como dones de Tu mano, pero permite
que, para empezar, mi corazón se deleite en Ti.
Aplicación de Vida
¿Vivimos como consumidores, usando cada uno de los recursos y a las
personas en nuestra búsqueda con el fin de sentirnos realizados? ¿Se ha secado
quizás el pozo de los placeres hedonistas? ¿A dónde podemos ir después de
habernos sentido agotados?
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