Guárdate a ti mismo
Devocional No. 63
Lea: 1 Juan 5: 18-21
Hijitos,
guardaos de los ídolos. (1 Juan 5:21)
Juan concluye con esta advertencia final: “Hijitos, guardaos de
los ídolos”. No se deje usted arrastrar por alguna otra cosa; no conceda su
atención a sus intereses, a su tiempo, a su energía o a su dinero de manera que
esas cosas se conviertan en el motivo de su existencia, lo que hacen que usted
se emocione, lo que le entusiasme. Ese es su Dios. ¿A quién tiene usted en su
vida? ¿Es Jesucristo o es alguna otra cosa?
Cuando usted viaja por el mundo antiguo. Tiene el privilegio de
visitar algunas regiones del mundo antiguo, donde puede ver muchos templos
dedicados a los ídolos. Aunque estos templos se hallan en ruinas, en cada lugar
un dios concreto como Apolos, Venus, Baco o Zeus había sido entronizado y adorado
en ese lugar. De repente descubre, después de meditar sobre lo que ve, que a
pesar de que estos templos han sido abandonados, la adoración del dios no ha
cesado. Hemos cambiado los nombres, pero los dioses y los ídolos siguen siendo
los mismos.
Tenemos la adoración a Narciso, el dios que se enamoró de sí
mismo. ¿No es este tal vez el dios supremo de la humanidad, la adoración a uno
mismo, la exaltación de los humanos? La idea de que oímos decir continuamente
que los humanos son tan fabulosos, tan listos, tan brillantes e inteligentes
que pueden hacer muchas cosas. Sin embargo, negamos la evidencia continua de
nuestros sentidos que demuestra que el mundo se está viniendo abajo a nuestro
alrededor. ¿No es sorprendente cómo adoramos a la humanidad? Las
manifestaciones en este sentido tienen su expresión en la adoración de la raza
o del país. Tenemos la adoración de Baco, el dios del placer, del vino, de las
mujeres y el cántico; la adoración de Venus, la diosa del amor, entronizada en
Hollywood y todo lo que representa Hollywood; Apolo, el dios de la belleza
física; Minerva, la diosa de la ciencia. Hemos entronizado por todas partes la
ciencia.
Juan escribe y dice que estas cosas nos destruirán, nos robarán
de lo que Dios tiene para nosotros. “Hijitos míos, no os dejéis arrastrar por
la adoración en la que el mundo a vuestro alrededor participa. No permitáis que
estas cosas se vuelvan importantes en vuestra vida, porque Dios os ha liberado
para que podáis vivir tal y como Dios quiso que su pueblo viviese”. No es de
sorprender que Su Palabra diga: “Hijitos, guardaos de los ídolos”. ¿Qué hace
que se sienta usted entusiasmado? ¿A qué causa dedica su dinero? ¿Para qué está
usted ahorrando ahora? ¿Qué es lo que considera de suprema importancia? Es esta
pregunta con la que Juan concluye este libro.
Padre, ayúdame a identificar a los muchos
dioses de este tiempo, que dan la impresión de ser atractivos pero que en
realidad no tienen nada que ofrecer sino la muerte. Te doy gracias por la
verdad que se halla en Cristo y porque en Él tengo todo lo que jamás pudiese
necesitar o desear.
Aplicación de la Vida:
Muchos creen que los ídolos son cosas
religiosas del pasado, pero hoy en día, ¿qué hace que nos mostremos
entusiasmados? ¿Qué es lo que consideramos de suprema importancia?
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