El tranquilizante del cristiano
Devocional No. 53
Lea: 1 Juan 3:19-20
En esto conocemos que
somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él, pues si
nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios. (1 Juan
3:19-20a)
En la frase “si nuestro corazón nos reprende” el apóstol Juan
está reconociendo que el problema con el que nos enfrentamos es el de un
corazón que nos reprende o condena. Él sugiere aquí, por medio de esta frase,
que esta es una experiencia bastante frecuente y generalmente involuntaria por
nuestra parte. ¿Quién de nosotros como cristianos no ha tenido problemas con
una mala conciencia o un corazón que nos condena? Hay problemas físicos que nos
afectan espiritualmente, pero con demasiada frecuencia este es el resultado de
un ataque del maligno a nuestra fe, un esfuerzo por intentar apartarnos de la
fe en Jesucristo, anulando nuestra efectividad como cristianos, y con demasiada
frecuencia este ataque tiene éxito.
Tal vez no haya un problema más corriente que este: los
cristianos que padecen por tener una mala conciencia y un corazón que les
condena. Algunas veces somos víctimas de estos ataques cuando nos hallamos
sumidos en el más intenso estado de ánimo espiritual, que se apodera de
nosotros cuando menos lo esperamos.
¿Cuál es el remedio? Fíjese usted en lo que dice Juan:
“conocemos que somos de la verdad”. Eso es lo esencial: debemos de restablecer
el importante hecho que es nuestra relación con Cristo. Debemos de animarnos a
nosotros mismos a creer y asegurarnos de que hemos sido verdaderamente
justificados por la fe, que nos hallamos ante la presencia de Dios, no gracias
a nuestra propia justicia, sino por la justicia del Hijo de Dios, que hace
posible que seamos aceptados en el Amado, haciendo que estemos “en Cristo”
porque, como nos dice Pablo en Romanos 8: “Ahora, pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu” (v.1). Si hemos de silenciar las dudas en nuestros
corazones, es preciso que sepamos que “somos de la verdad”.
¿Cómo puede usted lograrlo? Fíjese usted en su argumento aquí:
“En esto conocemos que somos de la verdad”. Debemos saber que pertenecemos a la
verdad a fin de poder asegurar a nuestro corazón cuando nos condena, y ¿cómo lo
logramos? ¡Haciendo esto! Lo que hemos mencionado en el versículo 18: “Hijitos
míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Por medio
de esto aseguraremos a nuestros corazones con el conocimiento de que estamos en
la verdad. Aquí se está refiriendo a un acto de amor, es decir, de manera
deliberada, y con una intención concreta se realiza un acto amable y de ayuda,
o se pronuncia una palabra de amor a la persona que nos ha herido o ha sido el
motivo de que nos veamos sumidos en este atolladero de condenación. En otras
palabras: “Devolved bien por mal”.
Usted no tiene que esperar hasta verse
obligado a ser amable con alguien, así que hágalo deliberadamente. Propóngase
la labor de encontrar a personas que están necesitadas y ayúdelas. “No amemos
por medio de palabras y de lo que decimos, sino por medio de acciones y de la
verdad”. Ha sido un gozo ver cuántas veces estas palabras han demostrado ser
ciertas. Ha habido personas que han descubierto que una gran parte de la
soledad y el vacío que sentían en sus vidas eran sencillamente el resultado de
haberse apartado de los demás y de sus necesidades. Tan pronto como empezaron a
ocuparse de la vida de otra persona, descubrieron que existía un maravilloso
sentido de confianza y un despertar que acompañaban al espíritu de gozo en sus
propios corazones.
Señor, concédenos
poder encontrar a las personas solitarias y afligidas para que las animemos,
compartiendo con ellas algo de nosotros mismos para que podamos, de esta
manera, expresar esta clase de amor. Haciéndolo sabremos que andamos en la
verdad.
Aplicación de la Vida:
Cuando nos sentimos
solos, tenemos una conciencia culpable, o nuestros corazones se sienten
dominados por la condena, ¿cómo aprovechamos el gozo y el poder de sanidad de
Su presencia?
Cuando ayudamos a otros con gozo en nuestro corazón y sin reparo que gran satisfacion
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