Estar conforme
Devocional No. 29
Lea Filipenses 4:10-13
Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Filipenses 4:12
Hay tres cosas sobre esta declaración que nos enseñan sobre la conformidad. Lo primero es algo que debemos aprender. No nacemos estando conformes. Nuestro espíritu natural es el de esforzarse por conseguir más. La perspectiva desde que somos jóvenes es el continuar buscando algo nuevo que, aunque sea temporalmente, excite nuestros sentidos y satisfaga nuestros deseos. Siempre nos estamos esforzando por algo. Creo que lo que el apóstol nos está diciendo aquí es que él no sólo había aprendido a experimentar conformidad, sino aquello que es verdadera conformidad. El proceso de aprender esto es el aprender una nueva definición de conformidad.
No sé cómo definirías la conformidad si tuvieras la oportunidad de hacerlo, pero sospecho que muchos de nosotros pensaríamos en alguna variación de la idea de que la conformidad es tener todo lo que quieres. No creo que esa sea la verdadera definición. La conformidad no es tener todo lo que quieres. La verdadera conformidad es el querer sólo lo que tienes. Esto es lo que Pablo había aprendido. Él había aprendido que Dios había creado al hombre para amar a la gente y utilizar las cosas. Pero en algún sitio a lo largo de la carrera de la vida le hemos dado la vuelta a esa verdad y hemos aprendido a utilizar a la gente y a amar las cosas. Pero a lo largo de los años el apóstol Pablo había sido enseñado por el Espíritu de Dios que las circunstancias son ilusorias. Ellas no ministran a las profundas necesidades del corazón, siendo que tengamos necesidades o teniendo abundancia. El mayor valor de la vida es la habilidad de amar a la gente y utilizar las cosas. Este era el enfoque de lo que finalmente había aprendido: el enfrentar la vida como realmente es.
La segunda cosa a notar es que él declara claramente que tanto la pobreza como la riqueza, ambas son consideradas como pruebas. Esta no es la perspectiva usual, sino una vez más algo que ha de aprenderse. Tenemos una inclinación natural a ver la pobreza como una prueba severa pero la abundancia como una gran bendición, y estamos continuamente buscando un estado en el que tenemos todo lo que queremos. Esto indica que realmente no sabemos cómo definir la conformidad. No es tener todo lo que quieres, pero queriendo lo que tienes. Somos continuamente asediados por la filosofía de la edad, como en la historia de Horacio Alger, el hombre joven que ascendió de las profundidades de la pobreza y, mediante sus propios esfuerzos, viene al final a la abundancia, siendo un magnate rico. Esta es la forma de vida americana. Pablo dice que ese no es el caso. Tanto la pobreza como la riqueza son extremos difíciles. Ambos son severos pesos al espíritu humano. Ambos tienden a torcer, distorsionar y degradar la personalidad. Ambas son pruebas de severa intensidad y pueden ser destructivas a la vida humana.
La tercera cosa a notar es el secreto de la victoria sobre estos dos impostores: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (4:13). Este es el tema que recorre casi cada versículo de esta carta, un continuo recordatorio por el apóstol a ese gran descubrimiento en su vida cuando aprendió que no tenía nada en sí mismo. Todo su trasfondo, ambición y habilidades, y todo lo que contaba por ganancia, era realmente inútil en cuanto a lo que él pudiera hacer por la causa de Cristo. Aprendió que no tenía nada, ni era nada, ni podía hacer nada; que era Dios expresando Su vida que era el secreto de la vida humana. Una vez más escribe de una vida plenamente adecuada para suplir cualquier demanda puesta sobre ella, porque en Cristo era el vivir mediante la Vida que mora en nosotros. Era el practicar esa confianza en que lo que una vez fuera Jesucristo en los días que estaba en Su cuerpo físico, era suficiente para cada situación, todavía lo es, y está disponible para nosotros continuamente. Este es el secreto que el apóstol presenta aquí. Si no estás dispuesto a aprender el secreto, ciertamente no vas a disfrutar esta conformidad.
Padre, qué actitudes más estúpidas tomo a menudo hacia las circunstancias de mi vida. Qué prisa me doy en murmurar y quejarme, olvidándome que Tú eres el Alfarero y yo el barro. Enséñame a regocijarme, sabiendo que todas mis circunstancias fueron planeadas para ser medios mediante los cuales Tú expresas la suficiencia del Señor Jesús.
Aplicación a la vida
Los anuncios comerciales atraen nuestro deseo innato de reclamar la felicidad como nuestro derecho. ¿Cuáles son tres alternativos para negar esta atracción? ¿Estamos aprendiendo el secreto de la verdadera conformidad?
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